miércoles, 12 de agosto de 2009

Uno mismo


Somos, ante todo, seres pensantes, conscientes de nosotros mismos. Esa es la dificultad. Es la bendición, pero también el desafío de ser felices a pesar de nuestra conciencia. Sentirnos plenos a pesar de nuestra soledad, o a pesar también de nuestras compañías. La clave, creo aun sin poder afirmarlo, está en querernos a nosotros mismos.

Mirarnos desde fuera de nuestro cuerpo, desde arriba, desde abajo. Escucharnos, estudiarnos. Esa es, probablemente, la manera más efectiva de acercarnos a aquella persona que queremos ser. Pero cabe la aclaración: no parece conveniente pasar demasiado tiempo alejado de uno mismo, pues correremos el riesgo de no disfrutarnos. Habrá que descubrir entonces a partir de qué momento somos lo que somos y ya no podremos cambiar, para detener todo tipo de análisis. Una vez identificado el momento, será cuestión de querernos absolutamente como somos, con defectos y virtudes. Querernos, ojo, de manera inconsciente, pues no se trata de convertirnos en un grupo de ególatras.

Se trata más bien de estar preparados para la diversidad en el gusto y piacere de la gente, que nos hará sentirnos amados, odiados, traicionados, decepcionados, valorados, enamorados, ofendidos, atacados, dependientes, autosuficientes, inútiles, imprescindibles.

Podremos decir entonces:
YO SOY ASI, Y AL QUE NO LE GUSTA QUE SE JODA.

No hay comentarios: