Caminemos juntos por la vereda de siempre. Con los auriculares despidiendo una canción acorde. Miremos en la cara de la gente, pongamos atención en el apuro, en la seriedad, en la indiferencia.
Veamos para adelante, para arriba. Tropecemonos con la baldosa que se levanta, mojemonos con la baldosa que está suelta. Llegará el momento en que sabremos el camino de memoria, y ya los tropiezos no van a molestarnos, y ya las salpicaduras no van a enojarnos. Y creeremos conocer todas las caras.
En ese momento, o bien encontramos lo hermoso en lo conocido, o bien cruzamos la calle.
Cruzar es el camino fácil, por supuesto.
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