domingo, 31 de agosto de 2008


Estaba él tranquilo en su casa. Y de pronto le revelaron un secreto que nunca debió haber sabido. Una niña inocente y misteriosa tocó a la puerta, y sin preámbulos le comentó que le quedaban 9 días de vida. Sin embargo, le dijo, no iba a morir.
El décimo día iba a despertar en otra casa. Iba a tener otro nombre, otra esposa. Se iba a mirar al espejo y el susto iba a ser terrible. Y lo más trágico: todo estaría en su memoria. Su perro, su pelo, su trabajo, sus manos. Iba a recordarlo todo. Su comida favorita, su color favorito, su canción favorita. Al principio lo tomó como una tontería. De cualquier forma no estaba tan contento con la vida que llevaba, y no tenía por qué creer semajante delirio infantil. Pero con el paso de las horas tuvo la certeza de que la pequeña no mentía, y se dio cuenta de que no iba a soportar el cambio. Entendió que no podía ser otra persona si todavía el viejo él estaba ahí, pidiendo a gritos que no lo entierren.
Entonces buscó a la niña, que cruel y obviamente ya había desaparecido. Y habló con la gente. Le comentó a cada persona que conocía lo que iba a sucederle. Lógico: las personas se reían, lo miraban y le decían que se dejase de pavadas, que eso era imposible. Se vio solo, al borde de un precipicio que no lo iba a matar, pero lo iba a dejar lastimado y solo, recordando lo bueno que era estar mirando para abajo desde semejante altura.
Gritó, lloró, y durante 9 días vivió encerrado en una desesperación inexplicable. El décimo día despertó en un colchón de resortes. Su mujer lo apuraba porque se había quedado dormido. El desayuno era horrible pero le encantaba. Su casa era grande y moderna, pero para nada acogedora. Y tenía dos hermosos hijos de los que no podía estar orgulloso. En el baño se vio, y sus nuevos ojos azules le recordaron a su hermosa hija y a su mediocre vida anterior. Y en secreto, sin reclamos, lloró una vida mientras vivía la otra.

martes, 5 de agosto de 2008


No puedo abrir los ojos, sin embargo escucho a los médicos hablar. Sus palabras me parecen confusas, en realidad solo entiendo sonidos. Mi cuerpo esta dormido, no puedo mover ningún músculo, ni hacer ningún movimiento. No tengo fuerza para seguir peleando, la verdad que no tiene sentido. Si estoy acá por algo es. Se me cruzan por la cabeza cosas muy concretas. Mi familia, mi amigos, mi vieja, mi viejo, un amigo, de nuevo mi familia, jardín, escuela, viajes, universidad, vacaciones, amigos, familia..
De golpe no escucho mas nada, el dolor de a poco se esta yendo y yo me empiezo a sentir mejor. Siento que estoy dejando algo atrás. Ahora puedo abrir lo ojos, una luz muy fuerte me enceguece. Descubro una figura femenina, con algo en la espalda como si fueran alas. Me mira, es raro su cara me parece muy familiar. De repente siento la necesidad de moverme, de alcanzarla. Quiero llorar, pero me es imposible.
Se acerca lentamente y me dice algo al oído. Tiene razón, no es el momento, no puedo dejar todo ahora. Gracias!


-Doctor, esta respirando!